19 de mayo de 2010

Bicentenario y Alma de Chile


Y llegó el año 2010, y de que manera, considerando el tremendo sismo que afectó varias regiones del país en febrero pasado, justo en el año cuando nuestro país recuerda sus 200 años de vida republicana. Diversas iniciativas que comenzaron hace un par de años, hoy encuentran sentido, ya que llevan como nombre o apellido la palabra “Bicentenario”. Nuestro país cambia de folio -como decimos cuando un conocido nuestro o nosotros mismos cambiamos de década, en el caso de Chile cambia de centena.- Generalmente, cuando uno inicia una nueva década surge, aun cuando sea inconscientemente, esa necesaria reflexión acerca de quién soy, qué he hecho de mi vida, cuáles son mis logros, cuáles mis limitaciones, cuáles son mis proyectos pendientes, en síntesis, una autoevaluación como diríamos en contextos de acreditación y certificación de instituciones educativas. Lo mismo puede generarse como país, considerando el cumpleaños 200 de la nación y este evento sísmico que, según nos dicen los especialistas, afectó hasta nuestra cartografía y sugieren realizar una actualización de la misma.
Es decir, propongámonos hacer una autoevaluación de quienes somos, de dónde venimos, cuáles son nuestras fortalezas, debilidades y desafíos y hacia dónde vamos como sociedad, como país. Por lo tanto, este momento histórico se convierte en una buena ocasión, para plantearnos preguntas acerca de cómo estamos viviendo los chilenos y chilenas, qué tipo de sociedad estamos construyendo, cómo nos estamos relacionando los unos con los otros, en el hogar, el trabajo, la escuela y el barrio, en definitiva a preguntarnos cómo está el Alma de Chile como dijera lucidamente el Cardenal Silva Henríquez. Hombre muy sabio, que nos dejó hace aproxidamadamente una década y que nos dijera en su célebre Sueño de Chile que: “Nada sacamos con mejorar los índices económicos o con levantar grandes industrias y edificios, si no crecemos en nuestra capacidad de amar”; con lo que nos propone sugerentes parámetros para realizar esa autoevaluación.

Parece oportuno y necesario reflexionar estas palabras, para que junto con saber cuántos somos, cuál es el ingreso per cápita, cuánto es el PIB o el o el IMACEC, cómo está la balanza de pagos, el valor del cobre, el dólar o el euro; indicadores necesarios para el funcionamiento de nuestro país, reflexionemos cómo estamos viviendo, qué calidad de vida estamos llevando, de manera que junto con procurar la reconstrucción de viviendas y compra de bienes nos preocupamos de cómo se van levantando los que más sufren, es decir los más desfavorecidos en la sociedad.

Es muy probable que algún estudio nos dé a conocer indicadores que evidencien que los chilenos tenemos más bienes de consumo. Sólo por poner un ejemplo, en este momento en que estamos en la fase pre Mundial de Futbol en Sudáfrica nos dicen las informaciones, que la venta de televisores plasma o LCD han batido records, lo cual no está mal, toda vez que se satisfacen ciertas necesidades, pero está demostrado que no basta el acceso al consumo únicamente para mejorar la calidad de vida de los seres humanos. Para tener una equilibrada calidad de vida debemos desarrollarnos cuantitativamente, por ejemplo, en bienes de consumo a los cuáles puede acceder progresivamente mayor parte de la población, pero también preocuparnos por desarrollarnos cualitativamente, en desarrollo humano como indica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). No está mal el tener, en tanto cuanto permite satisfacer necesidades, pero preocupándonos de cultivar el ser, considerando que somos seres en relación y que vivimos junto a otros.

Es loable en este sentido la acción realizada por la Comunidad Universitaria de la Universidad Católica Silva Henríquez, quiénes en un hecho inédito en una Casa de Estudios Superiores han detenido sus actividades normales, para trasladarse a las séptima y octava regiones para contribuir con las comunidades afectadas en la construcción de mediaguas antes de que llegué el invierno, en lo que se ha denominado Operación Buen Samaritano. Es un hecho que va en búsqueda del Alma de Chile, que permite profundizar la formación que va más allá de un plan de estudios de un Programa de Formación Profesional, desbordando los límites de una sala de clases universitarias, para ir al encuentro del currículo en acción, que es el currículo de la vida.

La solidaridad es un imperativo urgente nos decía y dice el Cardenal Silva Henríquez desde su Sueño de Chile. En consecuencia, no renunciemos a la posibilidad y desafío de contribuir a construir una patria solidaria como él soñaba, ya que estos jóvenes estudiantes, futuros profesionales de la educación y las ciencias sociales, han levantado la bandera de la Esperanza, con fe en un país que se preocupa de los más débiles y con amor con esa Alma de Chile que nos espera en cualquier esquina de nuestro país. Sin duda, que esta actividad ha sido un muy buen regalo para nuestro Chile en su Bicentenario.


Luis Reyes Ochoa,
Profesor y Magister en Educación
Lreyeso@ucsh.cl

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